11/03/2010

Los derechos humanos no tienen gusto ni sabor: son evidentes

"Los derechos humanos, en general, no son los privilegios que un grupo humano más o menos cerrado reivindica con relación a otro grupo humano… El derecho a vivir, el derecho a existir, a respirar, el derecho a la libertad son derechos elementales que no tienen ni gusto ni sabor, son evidentes".  Estas palabras del filósofo francés Vladimir Jankelevitch son la base sólida sobre la que se construye la educación en derechos humanos.

La finalidad que nos proponemos con la Universidad de Verano es simple: hacer el mundo más humano. Para esta tarea depositamos nuestra confianza a un instrumento : los derechos humanos. 

Los derechos humanos son la protección contra la arbitrariedad. Pero los derechos humanos no subsisten sin una antropología, sin una visión del hombre que sea compatible con su dignidad. Esta es la tarea primera de una cultura de los derechos humanos. Entre el pesimismo de Hobbes : homo homini lupus y la exaltación revolucionaria de Marx : Proletarios del mundo uníos ! debemos escoger el verso de Ovidio, el poeta romano: Veo lo mejor y sin embargo hago lo peor ! Realismo antropológico de un ser ontológicamente perfectible por su libertad. Perfección que supone esfuerzo sobre sí, sumisión al deber que a veces contraría nuestra primer impulso.

Hans Jonas ha puesto de relieve en una crítica aguda de la autonomía defendida por la Ilustración y Kant, la importancia de la responsabilidad. Los derechos humanos se inscriben naturalmente en esta nueva óptica moral : responsabilidad hacia el otro, resposabilidad hacia la naturaleza, resposabilidad que significa ir mas allá de la estricta justicia. Emmanuel Levinas lo ha dicho tambien de manera gráfica : les droits de l’homme sont les droits d’autrui, los derechos del otro.

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